Edging: cuando parar se convierte en una técnica para lograr la mayor excitación y el mejor orgasmo

Edging: cuando parar se convierte en una técnica para lograr la mayor excitación y el mejor orgasmo

  19 Jul 2019

Se llama edging, pero también podríamos llamarla “quedarse con las ganas un ratito para luego alucinar”. Esta técnica, que más que de placer te puede parecer una tortura, es una estupenda vía para ampliar nuestro disfrute, ya sea a solas o acompañadas. ¿El secreto? Parar cuando estás a punto de tener un orgasmo. Como lo oyes.

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Qué es el edging

Esta técnica, o práctica, consiste en bajar el ritmo, o parar en caso de ser necesario, nuestra actividad sexual en el momento en que detectemos que se acerca un orgasmo.

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Su objetivo es que, al hacerlo, prolonguemos y potenciemos nuestro nivel de excitación, lo que a la postre provocará que nuestro orgasmo, cuando por fin le dejemos hacer acto de presencia, sea muy intenso.

El placer “de no acabar”

A priori, como decía, la idea de no poder abandonarte al placer y tener tu orgasmo cuando éste llama a tu puerta puede parecer, más que una técnica para el disfrute, una forma de tortura. Sin embargo esto del edging puede hacer que efectivamente aumente tu placer.

El deseo se alimenta no sólo de lo que hacemos, sino también de aquello que no hemos podido hacer, de las propias ganas con las que nos hemos quedado. ¿Acaso no te acuerdas de los niveles de deseo con los que te ibas a casa de adolescente cuando te despedías de tu pareja tras una tarde de besos intensos… sin nada más?

El modelo sexual imperante nos lleva a creer que todo lo que se empieza ha de acabarse, y esa creencia le está haciendo más mal que bien a nuestro placer.

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No, no todo lo que se empieza se tiene que acabar. No, no nos pasa nada malo por quedarnos con ganas… más bien al contrario: eso hará que queramos más… y más. Y este punto es precisamente uno de los pilares de edging.

Chica tumbada en ropa interior

Utilidad lúdica… y clínica

Esta técnica se basa (o quizá al revés, no sabría decir cuál de las dos llegó antes) en un protocolo que se utiliza en consulta con los chicos para casos de eyaculación precoz. En ese contexto clínico se denomina Técnica de parada y arranque (Start-stop).

El mecanismo es similar, solo que en esta ocasión se comienza practicando durante la masturbación. El objetivo en el caso de los chicos es obtener erecciones más prolongadas y lograr un nivel de excitación que permita controlar en cierta forma la eyaculación.

Beneficios evidentes

Piensa en ese momento en que estás a punto de llegar al orgasmo, cuando lo percibes en el horizonte. Piensa en esa ocasión en la que creías que ibas a estallar de placer… Se está bien ahí, ¿verdad?

Tendemos a pensar en el orgasmo como el fin último del sexo, como el placer total y definitivo… y olvidamos a menudo que estar excitados, muy excitados, es también disfrute -y uno muy bueno-.

Por si aún no te he convencido te invito a que imagines, o recuerdes, ese momento en que tu pareja te mordisquea la cara interior de los muslos. Muy probablemente tu nivel de excitación en ese momento sea mayor que cuando de facto te practica sexo oral, o al menos igual “de rico”.

Es la anticipación la que hace que tu deseo y tu placer aumenten.

Nuestro cerebro es el órgano sexual más potente, de manera que jugar con él es asegurarnos el placer. Esta técnica, el edging, es una forma de enseñarle determinados tráilers a nuestro cerebro, le dice “mira, esto es lo que viene después”, y nuestras ansias por ver el capítulo completo aumentan exponencialmente.

Al mantenernos en un pico alto de excitación ésta es más intensa… y cuanto más excitadas estemos, más fácilmente llegará el orgasmo y más potente será.

Al haber estado a las puertas varias veces, pero no habernos abandonado al orgasmo, tenemos muchas, muchas ganas de tener uno, de manera que lo saborearemos como si de un helado de Rocambolesc se tratase. Y eso es placer, con todas las letras.

Chica tumbada sobre flores

Beneficios colaterales

Además de favorecer orgasmos fuertecitos y mantenernos en un estado de excitación absolutamente placentero, esta práctica tiene otros aspectos positivos:

  • Favorece una mejor comunicación -sexual- en la pareja.
  • Es una vía para explorar y conocer mejor el cuerpo del otro, sus zonas más erógenas, desde los más chiquititos a los detonantes infalibles que le hacen estremecerse de placer.
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Para desarrollarla es fundamental que os comuniquéis, ya sea verbal o no verbalmente. Es preciso que el otro sepa qué necesitamos para aumentar la excitación y cuándo ha de parar un poco el ritmo porque estamos en la zona de “peligro, orgasmo inminente”.

Favorece también que despleguemos un poco el lado lúdico: todo lo que sea romper con la rutina, con ese “sota, caballo, rey” en el que a menudo caemos en pareja, es sin duda enriquecedor para nuestra vida sexual.

Y, finalmente, el que es sin duda el mejor/mayor beneficio (incluso mejor que tener un orgasmo de 9,9 en la escala Richter), como aspecto que mejora claramente nuestra vida sexual: nos ayuda a disfrutar del sexo per se, no solo como vía para lograr un orgasmo.

Esta práctica, el edging, a pesar de venderse como una forma de lograr orgasmos más intensos, en realidad lo que hace es que cambiemos el foco de atención, centrándonos en el placer y la excitación… y no en tener orgasmos.

Paradógicamente al intentar evitarlos lo que puede suceder es que vengan, y más fuertes, pero en el camino nosotras estaremos centradas en disfrutar, no en aquello que está por venir. Y eso es maravilloso.

Porque el sexo es más que orgasmo, el sexo es más que coito: el sexo es placer, y cuanto más, mejor.

Pareja En La Cama

Cómo poner en práctica el edging

Lo puedes practicar en pareja o a solas: al tratarse de una técnica centrada en retrasar el orgasmo la podemos practicar perfectamente tanto en un encuentro sexual como durante la masturbación.

Cuando notes que estás cerca del orgasmo (lo cual requiere que conozcas bien tu cuerpo y sus procesos, sus señales, como decía antes), toma aire y baja un poco el ritmo de lo que estés haciendo, despacito, no de manera brusca.

Si la parada la hacemos abruptamente no solo alejaremos el orgasmo, también haremos que descienda al inframundo nuestro nivel de excitación.

Es importante que detectes las señales para que “no sea demasiado tarde” y ya hayas emprendido el camino de no retorno hacia el orgasmo.

Una vez que hayas notado que esa “urgencia orgasmística” ha pasado, ve aumentando el ritmo o lo que estuvieras haciendo y que tan buen resultado te estaba dando. Vuelve a subir de intensidad, dale al volumen a tu placer… y disfruta.

Esto puede repetirse un par de veces (más quizá ya sea demasiado y entonces sí que entre en terreno de torturita). Cuando lo consideres oportuno, tras una o dos fases “de parada”, si vuelves a notar que el orgasmo está a la vuelta de la esquina no lo pares, no te resistas y abandónate al placer.

Si vas a hacerlo con tu pareja, establece cómo vais a comunicaros durante la sesión: es importante que el otro entienda claramente que ha de bajar el ritmo o la intensidad, o justo lo contrario, que es el momento de darlo todo.

Sea como fuere, todo lo que sea explorar y disfrutar de tu cuerpo y de tu sexo ha de ser bienvenido. Además, esta técnica tiene una ventaja que no poseen otras: si te sale bien te lo pasarás genial y tendrás un súper-orgasmo, y si no te sale bien -si no consigues contenerte y parar-, tendrás un orgasmo. ¡Esto sí que es win-win!

Imágenes | Unplash.com; Pexels.com

Fuente: Tendencias