Masacre de Srebrenica: por qué la sombra de la matanza en el enclave bosnio persigue a Holanda más de dos décadas después

Masacre de Srebrenica: por qué la sombra de la matanza en el enclave bosnio persigue a Holanda más de dos décadas después

  19 Jul 2019

Hombres cavando fosas para los muertos por la masacre de Srebrenica, BosniaDerechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption A los cascos azules holandeses encargados de la protección de Srebrenica se les reprocha que no alertaran de lo que estaba pasando.

“Nunca olvidaremos lo ocurrido y nunca perdonaremos a Holanda”.

Así se expresó este viernes Munira Subasic, la representante más conocida de las Madres de Srebrenica, una organización que busca que se haga justicia por la muerte de 8.000 hombres y jóvenes musulmanes a manos de las fuerzas serbobosnias en la ciudad bosnia de Srebrenica en julio de 1995.

Aquella fue la peor matanza en territorio europeo desde la Segunda Guerra Mundial y, pese a haber ocurrido en los Balcanes, sus secuelas llegan hasta Holanda, por cuanto un equipo de cascos azules de ese país estaba a cargo de la protección de los habitantes del enclave.

La Corte Suprema holandesa ratificó este viernes la responsabilidad parcial del país europeo en la muerte de 350 musulmanes que intentaron escapar hace ahora 24 años.

Largo proceso legal

Es inusual que se responsabilice a un Estado por fallos en una misión de paz comandada por Naciones Unidas, pero la Corte Suprema holandesa enfatizó que se trata de una “responsabilidad muy limitada”.

El alto tribunal declaró que aunque las fuerzas holandesas les hubieran dado a los 350 hombres que se escondieron en el complejo de la ONU la opción de quedarse, apenas había un 10% de posibilidades de que no cayeran en manos de los serbios, por lo que el Estado holandés solo puede ser responsable de esa proporción de los daños que sufren los familiares y allegados de los muertos.

El veredicto se produce después de años de batallas legales entre el Estado holandés y los demandantes, las Madres de Srebrenica.

El caso llegó a la Corte Suprema porque Holanda quería que se le retirara toda la responsabilidad, mientras que las Madres de Srebrenica querían que se responsabilizara al país europeo de todas las muertes.

Derechos de autor de la imagen AFP
Image caption Tres de las mujeres de la organización Madres de Srebrenica dijeron estar decepcionadas con el fallo de la Corte Suprema de Holanda.

Un tribunal de apelaciones estableció la responsabilidad del Estado holandés en un 30% en 2017, y el fallo de la Corte Suprema de este viernes reduce la cifra de forma significativa.

Las Madres de Srebrenica todavía pueden apelar al Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

La frustración de las madres

Análisis de Anna Holligan, corresponsal de la BBC en Holanda

En la primera fila del tribunal se sentaron tres de las mujeres del grupo conocido como las Madres de Srebrenica.

Un trío formidable que perdió esposos, hijos y padres en la masacre del enclave bosnio y que hicieron de la búsqueda de justicia su misión en la vida.

Sentada cerca de ellas, me sorprendió que estas mujeres -normalmente muy expresivas- se quedaran calladas durante la lectura del fallo.

Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption Munira Subasic todavía espera que le devuelvan los restos de su hijo, muerto en la masacre de Srebrenica.

Cuando salimos, una de ellas, Munira Subasic, explicó por qué.

“Ha sido una nueva humillación. Al igual que en 1995, los holandeses han estado a cargo y nosotras sin saber qué estaba pasando”.

Subasic se refería así al hecho de que el alto tribunal holandés no ofreciera traducción en vivo.

Al preguntarle a Munira si siente que el reconocimiento del 10% de responsabilidad de Holanda por las muertes de 350 hombres musulmanes que se escondieron en secreto en el complejo holandés es una reivindicación, negó con la cabeza.

Solo me devolvieron unos pocos huesos de mi hijo, como el 3%, el resto todavía está desaparecido”.

Qué pasó en Srebrenica

“No tengo que pedir perdón, yo no maté a nadie”, dijo en 2015 Boudewijn Kok, militar que formó parte del grupo de cascos azules holandeses encargados de proteger Srebrenica.

El 11 de julio de 1995, el ejército serbobosnio liderado por el general Ratko Mladic tomó el enclave, que era una de las 9 “áreas seguras” que Naciones Unidas estableció en la zona durante la guerra de Bosnia Herzegovina (1992-1995).

En los días posteriores ocurrió el horror. Y los cascos azules holandeses no fueron capaces de evitarlo.

En total, unos 8.000 hombres y jóvenes fueron ejecutados.

6.241 de las víctimas fueron identificadas y sus restos están enterrados en Potocari, seis kilómetros al norte de Srebrenica.

“Necesitábamos más hombres, más armas, más fuerzas. El mandato no era correcto. Fue una misión suicida”, añadió Kok, que participó en uno de los múltiples documentales que se prepararon para conmemorar el 20 aniversario en 2015.

Derechos de autor de la imagen AFP
Image caption Recientemente se identificaron los restos de otros 33 hombres que murieron durante la masacre de Srebrenica en 1995.

Cada mes de julio, Srebrenica recobra presencia mediática, pero para algunos es una memoria constante independiente del calendario.

En el caso de todo un país, Holanda, Srebrenica es un triste recordatorio de cómo puede fracasar una misión de paz y de sus terribles consecuencias.

“Estados Unidos tiene Saigón, los franceses la batalla de Dien Bien Phu, los belgas su Congo y Holanda tendrá Srebrenica”, le dijo a BBC Mundo el escritor holandés Frank Westerman, que fue corresponsal del diario De Volkskrant durante la guerra de los Balcanes y es autor de varios libros sobre Srebrenica.

Holandeses en misión de protección

Bajo mandato de Naciones Unidas y liderados por el teniente coronel holandés Thom Karremans, los cascos azules del Dutchbat III tenían la misión de proteger a la población musulmana que vivía en el enclave de Srebrenica, en Bosnia occidental.

Allí habitaban unos 30.000 refugiados, en condiciones poco humanitarias.

Frank Westerman fue testigo directo de esta realidad y relató que, antes de ser calificada “área segura” por Naciones Unidas, Srebrenica era un gueto.

Organizaciones denunciaron que se estaba llevando a cabo un proceso de limpieza étnica.

Los musulmanes eran perseguidos y durante los inviernos morían de hambre, hasta el punto de que la coalición internacional tuvo que lanzar alimentos y medicinas desde el aire para ayudarlos.

Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption El teniente coronel holandés Thom Karremans estuvo al frente de la misión de paz de Naciones Unidas en Srebrenica, Bosnia.

La situación desesperada se suavizó con la llegada de los enviados de paz. Inicialmente estuvo al mando el general francés Philp Morillon, después llegó un contingente de cascos azules de Canadá y finalmente los holandeses quedaron a cargo.

La relación de los cascos azules con los musulmanes del enclave no era la mejor.

“Es bastante sorprendente lo que sucedió”, le contó Westerman a BBC Mundo.

“Digamos que entre los soldados había cierta aversión hacia las personas a las que tenían que proteger. ¿Por qué? ¡No los defiendo, intento describir los hechos! Eran más de 30.000 personas desesperadas, malnutridas, enfermas.

“No tenían nada que hacer, ningún sitio donde ir, siempre había una muchedumbre a las afueras de la base holandesa pidiendo dulces, dinero. Esto generó una actitud en los enviados de paz de no querer dar lo mejor por la población del enclave. Aunque no es algo decisivo para explicar la caída de Srebrenica”, subrayó el escritor holandés.

Los cascos azules holandeses estaban bajo el paraguas de las Fuerzas de Protección de Naciones Unidas (Unprofor, por sus siglas en inglés) y solo podían usar la fuerza en defensa propia.

Derechos de autor de la imagen EPA
Image caption Los familiares de las víctimas de Srebrenica consideran que todavía no se ha hecho justicia.

“Curiosamente”, recordó Westerman, “el general de más alto rango de las fuerzas terrestres holandesas fue a recibir a los soldados cuando salieron del enclave el 21 de julio de 1995 y dijo -cito textualmente- que desde los rangos más bajos hasta los más altos había una idea generalizada de que ‘los serbios eran los buenos'”.

¿Culpa, responsabilidad o indefensión?

Tras la caída del enclave en manos del ejército serbobosnio, hubo varios días de ejecuciones y desplazamientos.

La sede del Dutchbat se llenó de miles de musulmanes desesperados por encontrar ayuda. Los soldados entraron en pánico. No fueron capaces de cumplir su misión.

La investigación oficial de 2002 a cargo del instituto holandés NIOD de estudios de la Guerra, el Holocausto y Genocidio concluyó que el batallón holandés no pudo haber evitado la caída del enclave, que los bombardeos solicitados no llegaron a tiempo y que algunas unidades opusieron una resistencia feroz.

Sin embargo, el informe fue crítico con la actuación del teniente coronel Thom Karremans por no informar a sus superiores acerca de la tragedia humana que presenció el batallón y concluyó que el comando del ejército holandés aplicó una política de silencio en un intento por limitar los daños.

El gabinete holandés dimitió al completo cuando se conoció el informe. El entonces primer ministro, el socialdemócrata Wim Kok, declaró: “De ninguna manera asumimos la culpa de lo que pasó en Srebrenica, pero sí nuestra responsabilidad”.

Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption La Corte Suprema de Holanda redujo este viernes la proporción de responsabilidad del estado holandés en la masacre de Srebrenica.

Al operativo holandés no se le culpa de la caída de Srebrenica, eso fue una cuestión de Realpolitiek, precisó Westerman. Los aliados decidieron sacrificar Srebrenica para lograr un acuerdo de paz posterior.

“La vergüenza y el reproche a los holandeses creo que empieza tras la caída del enclave, en el momento en que 25.000 refugiados buscan protección en los alrededores de la base”, subrayó el holandés.

La mayoría de los hombres entre 16 y 65 años decidieron huir por los bosques de la zona, pero a mitad de camino fueron capturados y murieron a manos de los serbios.

Las mujeres, niños y ancianos se quedaron en el valle. Además, unos 350 hombres y jóvenes intentaron esconderse en la base, pero los holandeses les dijeron que se tenían que ir. Fueron separados de las mujeres y niños y fueron deportados.

Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption La masacre de Srebrenica sigue teniendo un gran peso en la conciencia colectiva holandesa.

Las mujeres y niños llegaron a su destino, los hombres desaparecieron.

El otro punto que se les reprocha a los hombres del teniente coronel Karremans es que no dieran la voz de alarma ante lo que estaba sucediendo.

Durante esos diez días entre el 11 y el 21 de julio, fecha en la que los holandeses se retiraron del enclave, los cascos azules no dijeron nada, no advirtieron a la comunidad internacional de que se estaba produciendo un crimen de guerra delante de ellos.

Todo esto se traduce en una suerte de trauma nacional que hasta el día de hoy afecta a la sociedad holandesa.

No es algo que se discuta diariamente. pero el calor del debate y la cantidad de artículos de investigación y exhibiciones artísticas sobre el tema demuestran que está lejos de ser una cuestión superada y mucho menos olvidada.

Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga la última versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

Fuente: BBC