Caso Alcàsser, el crimen con el que se construyó el “relato del terror sexual” en España

Caso Alcàsser, el crimen con el que se construyó el “relato del terror sexual” en España

  25 Jun 2019

Miriam García, Desirée Hernández y Antonia GómezDerechos de autor de la imagen Netflix
Image caption Las conocidas como “niñas de Alcàsser” desaparecieron de esta localidad valenciana en España el 13 de noviembre de 1992.

El 13 de noviembre de 1992, Antonia Gómez, Desireé Hernández y Miriam García desaparecieron en las inmediaciones de Alcàsser, un municipio en la Comunidad Valenciana, España.

Las tres adolescentes de entre 14 y 15 años iban camino de una discoteca en una localidad vecina cuando, según la información oficial, hicieron autostop y subieron a un coche ocupado por al menos dos hombres.

Nunca regresaron a casa.

El 27 de enero de 1993, tres meses después de su desaparición, dos apicultores encontraron sus cadáveres en un paraje conocido como La Romana, a unos 50 kilómetros de la ciudad de Valencia.

Los cuerpos mostraban indicios de haber sufrido agresión y tortura sexual.

El caso Alcàsser vuelve a estar de actualidad tras el estreno, el pasado 14 de junio, de una miniserie documental de Netflix sobre el crimen, la investigación posterior, las distintas teorías que surgieron alrededor y el papel de los medios.

Derechos de autor de la imagen Netflix
Image caption La miniserie de Netflix, de cinco episodios, encaja en el género del true crime que tantos éxitos le ha dado a la plataforma de streaming.

Un caso muy mediático

El crimen de Alcàsser fue uno de los más mediáticos de la historia de España.

Desde el primer momento se desencadenó una feroz competencia entre los medios de comunicación por conseguir el mayor número de detalles sobre las jóvenes y sus familias.

Las cámaras de televisión trasladaron sus platós a Alcàsser, una localidad de apenas 8.000 habitantes, y entrevistaron a padres, familiares y amigos de las adolescentes.

Los medios comunicaron el hallazgo de los tres cadáveres antes incluso de que algunos miembros de las familias hubiesen sido notificados. La madre de Miriam García, por ejemplo, se enteró por televisión de la aparición del cuerpo de su hija.

“En ausencia de datos sobre lo ocurrido, la exclusiva se centra en el sufrimiento“, explica Nerea Barjola en su libro “Microfísica sexista del poder: el caso Alcàsser y la construcción del terror sexual”.

“Primero, se muestran el dolor, la indignación, la venganza… después, ya no habrá vuelta atrás: las muchachas son públicas, su dolor es público, sus vidas, sus voces son públicas, su historia es pública. Y, sobre todo, su cuerpo es público”, escribe,

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Image caption Las marchas de mujeres contra la violencia de género y contra sentencias judiciales que consideran injustas se han hecho más multitudinarias en los últimos años en España.

El terror sexual

“Yo me acerqué a este tema porque me interesaba investigar cómo las representaciones sobre el peligro sexual determinan y coaccionan cómo nos comportamos las mujeres”, le dice Barjola a BBC Mundo.

“Así que empecé a pensar en qué representaciones hubo en mi vida que me pusieron en contacto con el terror sexual por primera vez; es decir, con ese temor de que algo te puede ocurrir por el hecho de ser mujer.

“Y ahí fue cuando pensé en el caso Alc sser“.

Barjola afirma que el relato construido por los medios se enfocó en las acciones de las adolescentes.

“En su momento se habló mucho de que ellas hubiesen practicado auto-stop”, explica. “Prácticamente toda la narrativa giraba en torno a ello, que de no haber realizado auto-stop no les habría pasado lo que les pasó”, agrega.

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Image caption Para la autora Nerea Barjola, la cobertura mediática del caso Alcàsser construyó el relato del terror sexual en España.

“Y por extensión, esto es un aviso para el resto de mujeres. Se nos marcaron unas pautas de comportamiento y unos límites que no podíamos traspasar. Y si los traspasábamos, si tomábamos libremente la calle o realizábamos auto-stop, que era una forma segura de la época de trasladarse de un sitio a otro, nos podía ocurrir lo que les pasó a ellas.

“Los medios nos invitaron a reformular nuestro comportamiento, en vez de poner el foco del debate en el sistema machista en el que vivimos y que permite que los hombres tengan ese privilegio sobre nuestros cuerpos y sobre nuestra vidas”, sostiene Barjola.

Explotación del dolor

Alcàsser se convirtió en un plató de televisión en el que tertulianos y periodistas hablaban sin pudor del estado de los cuerpos y de las condiciones en las que habían sido hallados.

Imágenes y testimonios dolorosos se retransmitieron sin ningún tipo de ética, como pudo constatarse en la entrevista que mantuvo una presentadora con el teniente de alcalde de la localidad solo un día después de la aparición de los cuerpos.

“Quisiera, sé que es muy duro y delante de tantas personas como están esta noche aquí, es durísimo… ¿me podría decir si, tras los resultados de la autopsia, se ha visto que los cuerpos estaban maltratados y violados?“, preguntó la presentadora en un programa de televisión que se emitió en directo desde el principal auditorio del pueblo con todos los familiares presentes.

Derechos de autor de la imagen Netflix
Image caption La serie de Netflix incluye escenas inéditas del juicio a Miquel Ricart, la única persona procesada y condenada por el crimen de Alcàsser.

Los apicultores que encontraron los cadáveres también fueron invitados a los platós de televisión, donde llegaron a responder a preguntas sobre el estado de los cuerpos en presencia de las familias de las adolescentes.

“Ambos hombres, visiblemente afectados, más aún en presencia de las familias de las adolescentes, respondían a las preguntas como podían. Esta declaración se presenta en pantalla con un fundido de la madre de una de las adolescentes abrazada a la fotografía de su hija, abrazada a su vez por su marido, mientras ella se derrumbaba por el relato de los colmeneros”, escribe Barjola en su libro.

“La declaración de los apicultores es un sufrimiento gratuito que no arrojaba luz a lo sucedido, sino todo lo contrario. Se estaba sembrando la semilla del entretenimiento cimentado en la agresión y tortura sexual de las mujeres”, dice la politóloga.

A raíz de esta cobertura el público llegó a obtener datos e imágenes muy precisas sobre la agonía que padecieron las adolescentes.

Un terror persistente

Un único acusado, Miquel Ricart, fue condenado a 170 años de cárcel. Hace cuatro años fue puesto en libertad. Otro implicado en el caso, Antonio Anglés, huyó cuando iba a ser detenido y continúa en paradero desconocido.

Pero el relato del terror sexual no acabó en Alcàsser.

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Image caption Años después del caso Alcàsser se siguen produciendo crímenes que captan el interés popular en España, como la desaparición de la joven Marta del Castillo en Sevilla en enero de 2009.

“Todas nosotras nos hemos criado con algún caso Alcàsser”, le explica a BBC Mundo la periodista especializada en temas de género Noemí López Trujillo.

“Tras el caso de las niñas de Alcàsser está el de Rocío Wanninkhof, que salió de noche para ir a la feria y desaparece en 1999; el de Marta del Castillo, que salió a dar una vuelta y nunca regresó a casa; el de Diana Quer, que desapareció cuando volvía tras salir de fiesta….”, enumera.

“El mensaje que se nos está mandando es que nuestros cuerpos son públicos, no sólo en el momento de la violación o asesinato, sino después, porque nuestros cuerpos van a ser expuestos todo el rato en los medios de comunicación, con titulares como ‘Así se encontraron los cuerpos de las niñas de Alcàsser’, cuántas veces violaron estos cuerpos, cuántas veces fueron acuchilladas, si sufrieron o no sufrieron…

“Este tipo de cobertura está todo el rato en los medios, está todo el rato presente, y todo eso alimenta nuestro temor“, explica la periodista.

La politóloga Barjola afirma que tras el caso Alcàsser, la tendencia de los medios sigue siendo construir relatos donde se especifican determinados detalles que van a producir terror sexual. “Y es así como las mujeres reformulamos actitudes, nos negamos espacios, deseos y prácticas”, dice Barjola.

“La manera de infundir terror sexual es a través de los relatos. Y todos los relatos nos marcan pautas de comportamiento”, concluye la politóloga.

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Fuente: BBC