Sergio Gendler, el periodista desfachatado, amigo de Maradona, que mezclaba información y simpatía

Sergio Gendler, el periodista desfachatado, amigo de Maradona, que mezclaba información y simpatía

  13 Jun 2019

Sergio Gendler falleció a los 53 años luego de una complicación derivada de la Enfermedad de Crohn. Fue una de las caras de TN Deportivo, programa que revolucionó la pantalla en el inicio de la televisión por cable. Estuvo 11 años en Telenoche y en la actualidad se desempeñaba en Fox Sports, Radio Mitre y FM 100. Tenía cuatro hijas, un millón de amigos y miles de anécdotas.

Los inicios de Sergio Gendler en el periodismo deportivo no hay que rastrearlos en la televisión sino como redactor de la agencia Noticias Argentinas. Como parte de su trabajo, en el 90 lo enviaron a cubrir el Mundial de Italia, donde tuvo su primer contacto con Diego Armando Maradona. Entre la estrella del fútbol y el hasta entonces ignoto periodista comenzó una relación de amistad, confianza y complicidad. Ese lazo sería el pasaporte directo de Gendler a las grandes ligas del periodismo.

Es que esa simpatía con mucho de desfachatez que era parte de su personalidad, sumada al estilo de vida del periodista hicieron que tanto Diego como su amigo e histórico representante, Guillermo Cóppola, lo adoptaran como interlocutor válido y testigo privilegiado. Una anécdota pinta a ambos personajes. En un reportaje en la misma casa del Diez, el periodista decidió hacerlas una nota a las entonces pequeñas hijas de Diego, Dalma y Giannina que mostraron toda su simpatía en cámara. Diego papá al fin, quedó feliz porque “sus nenas” salían en cámara. Fue el gancho que faltaba para que Sergio ingrese al círculo de confianza maradoniano.

La despedida de Sergio Gendler de Telenoche (Video: El Trece)

La vida profesional de Gendler empezó a moverse al compás de la de Maradona. Cuando Diego firmó con el Sevilla, Juan Yankilevich, entonces jefe de deportes de Canal 13, viajó a España para conseguir una nota con el Diez. Pero por más que lo intentaba y lo intentaba no lograba llegar al ídolo, no había hendija, puerta grande o puerta chica que le permitiera entrar al mundo del Diez. Con instinto de productor y conociendo la buena relación que habían forjado, Juan le pidió ayuda a Sergio. Fue así que las gestiones para la nota con el futbolista llegaron a buen puerto o en este caso, a la pantalla.

Como favor con favor se paga o al menos se recuerda, cuando se empezó a formar la señal TN, Yankilevich recomendó a Gendler para la tarea de producción. Pero al poco tiempo, por su simpatía desfachatada comenzó a conducir el noticiero deportivo. Más de una vez hizo transpirar al equipo, es que para él el fulbito era sagrado, y a veces llegaba sobre la hora: un cambio de camisa a las corridas, una breve pasada por maquillaje, y al aire.

Con Yankilevich y Juan Pablo Varsky, Gendler integró lo que muchos consideran la época de oro de TN y en particular de TN Deportivo, un noticiero que le daba la misma importancia a las ligas internacionales que al fútbol de ascenso y al segmento polideportivo. Con ese plus, competía mano a mano con las cadenas especializadas y obtuvo el reconocimiento del público y de APTRA, que le entregó dos Martín Fierro.

En simultáneo, los mediodías de El Trece se movían al ritmo de 360 Todo Para Ver, programa que en ese entonces conducía Julián Weich. Con más eje en el entretenimiento que en la información, Gendler iba a encontrar un lugar en donde la seriedad de Yankilevich ni el conocimiento apabullante de Varsky no encajaban.

“¿Por qué no me traen a Gendler que es más simpático?”, sugirió el anfitrión del ciclo y así fue como saltó el nicho del periodismo deportivo y comenzó a ser una cara conocida para la mesa familiar. Mientras estuvo el programa al aire fue conocido como el “Topo Gigio”, apodo que contra su voluntad le impusieron en esos tiempos y que replicaba el propio Maradona cada vez que lo cruzaban al aire.

A diferencia de otros colegas, más que la información confidencial o la data dura, sus principales virtudes eran la simpatía y cierto caradurismo, lo que le permitía mostrar otra faceta de los protagonistas del fútbol y sacarlos de “las respuestas de casete”. En los 90 -y con las redes todavía lejanas- comenzó el cambio de la forma de hacer televisión -y periodismo- y las estructuras clásicas de la entrevista comenzaron a permitirse algunas licencias. También, la competencia se hizo cada vez más furiosa. Además Sergio corría con una ventaja casi innata: su personalidad era un comodín que le permitía empatizar sin problemas con esas nuevas audiencias que se sentían poco atraídas por el periodismo de información y elegían otro quizá menos profesional pero más entretenido.

Sus compañeros recuerdan que de alguna manera, Sergio se las ingeniaba para conseguir acreditaciones, o en su defecto, camuflar una cámara y un micrófono, cuando la cosa no era tan sencilla. En los Juegos Olímpicos de Atenas, por ejemplo, los derechos de televisión eran un problema y con sus armas de seducción consiguió una credencial de un programa boliviano, lo que le dio vía libre para moverse tanto en los diferentes estadios como por la villa olímpica. Era capaz de hacer cualquier cosa por sus amigos, y por la gente que le caía bien, y siempre que podía, compartía los placeres de su profesión pero también era temperamental y sabía poner límites. En TN todavía se recuerda la vez que se trompeó con un colega que intentó humillarlo.

Su informalidad podía generar eventuales problemas con sus compañeros de trabajo, pero las tediosas guardias periodísticas en los hoteles, o alguna llegada tarde se solucionaba con una salida humorística, o cargando en el bolso la nota que nadie podía conseguir. Como aquella vez que Juan Román Riquelme -otra figura difícil- después de ignorar a todos los periodistas que lo esperaban cruzó el lobby del hotel para estrecharse en un abrazo con el “Rusito”.

De alguna manera, fue la constante entre la relación tirante entre los dos ídolos. Fue en los micrófonos de Telenoche en los que Riquelme anunció dos veces su renuncia a la Selección Nacional. La primera, en 2006, cansado por cómo afectaban a su madre las críticas que recibía con la camiseta albiceleste en la cancha. La segunda, en 2009, por no compartir los códigos con el entrenador de entonces, un tal Diego Armando Maradona.

El 5 de agosto de 2014, el periodista se despidió de la pantalla de El Trece. Un compilado mostró su recorrido profesional por Mundiales de fútbol, Juegos Olímpicos y Copas Libertadores, y con los deportistas más importantes de su tiempo. Ahí se pudo ver una auténtica nota “marca Gendler”: un mano a mano con Roger Federer, el tenista más grande de todos los tiempos, cambiándole los pañales a un bebé. El suizo acababa de ser padre de mellizos y la sonrisa que mostraba su rostro es la que arrancaba Sergio en cada intervención. La despedida fue conteniendo las lágrimas. “Llegué soltero y me voy con cuatro nenas hermosas, una familia atrás y la amistad de todos ustedes”, contó ante Santillán y Santo Biasatti, en un juego de miradas lleno de complicidades. “Voy a tener recuerdos lindos de este canal que me formó” y resumió en datos su vida profesional: “Estoy en 7187 archivos, me subí a 600 aviones, entrevisté a los deportistas más importantes de acá y afuera”.

Luego de su salida de El Trece, siguió vinculado al grupo con sus trabajos en Radio Mitre -con Jorge Lanata primero y Alfredo Leuco después- y FM 100 -con Sergio Lapegüe y Ronnie Arias-. También se sumó a la mesa de Fox Sports Radio, el envío conducido por Sebastián Vignolo para aportar sus armas al debate futbolero. Con el correr de los años, se hizo un secreto a voces su simpatía por el xeneize, lo que sumó un ingrediente más a la hora de la discusión futbolera, siempre respetando códigos, algo que ni el periodista más desfachatado se permite romper.

Frontal, en los últimos años se permitió contar su desencanto con algunos ex compañeros que lo acompañaron en trabajos anteriores. “Hay tres productores que son tres garcas. Nunca más me llamaron y no saben si tengo para darle de comer a mis hijos” y siguió mostrando su descontento: “Los periodistas somos un gremio de mierda. Somos malos, egoístas”.

En paralelo a su crecimiento profesional, la vida le tenía reservado un golpe que pudo aguantar durante dos décadas. A partir de sentir malestares digestivos, y luego de unos años en el que no podían encontrar una respuesta clara, en el 2000 fue diagnosticado con la Enfermedad de Crohn, una afección intestinal inflamatoria crónica. Con la misma filosofía con la que encaraba la profesión, afrontó su enfermedad, y una vez que inició el tratamiento fue un alivio. “Lo más importante es asumirlo, y para eso es fundamental encontrar un diagnóstico que dé en la tecla”, contó años más tarde, en una entrevista para la Fundación Más Vida, con el objetivo de generar conciencia para detectar una enfermedad de difícil diagnóstico.

Más allá de tomar algunos recaudos en las comidas, siguió haciendo su vida normal, tanto en el plano profesional como en el recreativo, donde nunca faltaba el fulbito con amigos. La medicación fue una nueva compañera de ruta en cada cobertura. “Ahora tengo que preparar mi equipaje y mis remedios, es parte de mi vida”, graficaba. Así vivió, con una sonrisa, hasta que el cuerpo dijo basta.

Gendler falleció a los 53 años. Si uno se da una vuelta por su Instagram casi no hay fotos con famosos deportistas. La mayoría de sus imágenes son de Bárbara, Ivana, Malena y Agustina, sus hijas o con sus amigos. Al fin de cuentas sabía que lo que verdaderamente importante en la vida no es ser un periodista simpático y entretenedor, compinche de las grandes estrellas sino un papá orgulloso y amigo de sus amigos.

Fuente: Infobae